sábado, 22 de agosto de 2015


PALABRAS DEL SEÑOR CURA


Vigésimo primer domingo del tiempo ordinario ciclo B
23 de agosto de 2015



Sr. Cura Artemio Patiño Martínez

Cada domingo el Señor nos convoca a participar de su banquete, la mesa está servida, vengan y aliméntense de mí, dejen que yo les de vida, pónganse bajo mi sombra y descansen, dispongámonos a meditar el evangelio de este domingo XXI del tiempo ordinario.
El discurso eucarístico de Jesús llega a su fin. Pero, como hemos ido meditando en estas últimas semanas, cuando no se escuchan las palabras de nuestro Señor con fe, sino que se las interpreta de un modo humano, demasiado "carnal", "tierra-tierra", las cosas acaban mal. Querer interpretarlas al pie de la letra es un absurdo y una locura. Y es lo que pasó a los judíos. Pero no por culpa de Jesús, sino por las malas disposiciones de sus oyentes. Y a Él se lo había anunciado y les había insistido, más de una ocasión, en la necesidad ineludible de la fe. Pero fue inútil. Y ahí tenemos los resultados...el escándalo, la deserción y el abandono del Señor: "Duras son estas palabras- concluyen escandalizados-. ¿Quién puede oírlas? Es inaceptable este discurso. ¿Cómo hacerle caso?.
Pero a nuestro Señor no le preocupa "la opinión pública", ese tirano que esclaviza a tantos hombres, incluso a aquellos que se consideran más inteligentes y libres.
¡Cuántos de nosotros somos víctimas de la opinión de los demás! Jesús no se retracta ni mitiga sus palabras para que sus discípulos no se le vayan. Él quiere gente convencida, no admiradores fáciles, y menos aún aduladores engañosos y frívolos.
¿Serías capaz de subirte a la carretilla con Jesús? Si de verdad creemos en Cristo, debemos ser capaces de hacerlo, sin pensarlo dos veces. Él no falla. Sólo entonces podremos afirmar, como Pedro al final del discurso de Jesús: "Maestro, ¿ a quién vamos a ir si no te seguimos a ti? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos que tú eres el Mesías, el Santo de Dios".



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